18/11/12

Las mujeres llegan tarde




Es inusual en nuestro cine una película donde las protagonistas son encarnadas por mujeres, hacen cosas y se equivocan. Tal el caso del debut de Marcela Balza en la dirección, en base a un guión propio, donde una madre y una hija, embotadas en una relación amoral, apelan al instinto de supervivencia -buscan pagar la hipoteca que rige el destino del hotel del que son propietarias- y caen en el territorio de la tragedia.  

En  los primeros dos tercios del film vemos como estas mujeres, Regina y Fernanda, encarnadas con solvencia por Marilú Marini y Erica Rivas, apelan a la familia como forma  de obtener el dinero. Finalmente lo obtendrán por ese medio, pero de una manera inesperada, y de haber sido una decisión consciente, no deseada. Otra mujer, encarnada por Andrea Pietra, donde se equilibran la intuición y el cálculo, se quedará con el botín y saldrá indemne. Trabajadora de un piringundín cercano al puerto, es una mujer que hace una apuesta y se arriesga. Sabe tratar a los hombres, cómo manejarlos y engatusarlos. Las emociones no son un obstáculo para el logro de su cometido, como sí les sucede a las dueñas del hotel. Regina vive pendiente del regreso de un hijo que ha partido hace décadas y su hija busca un poco de afecto y reconocimiento en los lugares erróneos -la escena con Mike Amigorena es reveladora en ese sentido. El vínculo de estas dos mujeres con la realidad es pobre y progresivamente delirante. No es casual que la madre sea abrazada por la locura y la hija quede anclada en el pueblo, todos sus proyectos de realización e independencia hechos pedazos.

Las escenas en el hotel -de cuidada ambientación- relacionan el film con la obra de Torre Nilsson y Beatriz Guido, por su clima espeso y gótico. Menos cerebral que el par, Balza elige los caminos de la intuición y de la superstición: hay partidas de ruleta en el piringundín y un adivino que le plantea un futuro a un viajero que el ingenuo muchacho (Rafael Spregelburd) no sabe leer. Este personaje también está guiado por el afecto y las emociones; la colisión con las dos mujeres en busca de un sostén económico es inevitable.

Si bien el film está ambientado en un pueblo de provincia no identificable en una época indeterminada durante la última década, es otro claro exponente de los horrores a los que una clase media decadente y de valores espurios es capaz de llegar, como lo fueron El hombre de al lado, Buena vida delivery y Cama adentro; la necesidad de la supervivencia a cualquier costo pinta a esa clase envilecida de cuerpo entero. Aquí la víctima sacrificial es el hijo pródigo; la falta de un macho proveedor a estas mujeres quedadas en el tiempo y empantanadas en la tela de araña de las emociones las reduce a robots teledirigidos hacia la propia destrucción.     

Con sus giros y sorpresas, Las mujeres llegan tarde se deja ver como un debut con más promesas que reparos. La crítica se ensañó con el film de manera deleznable e injusta; hay una buena dirección de actores, una lograda creación de atmósferas, una ambición por contar algo distinto. Es un buen punto de partida en el farragoso territorio de nuestro cine.

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